Pensando en las fechas decembrinas y los gastos que incita la época, les pregunto: ¿qué pasa actualmente con el consumismo? Pareciera que ya no es sólo comprar ciertos productos para vivir con lo indispensable, sino que consumir se ha vuelto un estilo de vida. Un ejemplo de esto sería el famoso “Buen Fin” que se ha instaurado en nuestra sociedad al grado de saber que ya no hay noviembre sin él. Se espera ese fin de semana con anhelo para comprar “todo lo que haga falta”, creyendo que en verdad lo necesitamos o que eventualmente lo vamos a necesitar. Se podría decir que vivimos bajo una prisa anticipada por consumir, pero ¿una prisa anticipada para que “no nos falte nada”?
El “Buen Fin” comenzó en el año 2011, por iniciativa del gobierno federal en conjunto con el sector privado. La idea era impulsar la economía interna aumentando el consumo, pero con el paso de los años surgió la pregunta inevitable: ¿impulsar le economía…de quién?, ¿de las grandes empresas o de la sociedad? La mayoría de la gente que consume de manera excesiva termina endeudada, pagando por meses lo que compró, o en el peor de los casos, gastando sus ahorros.
He de admitir que yo también he caído en la trampa del capitalismo que nos hace creer que debemos adquirir muchas cosas que en realidad no necesitamos. Parece que cuando uno va al centro comercial y está rodeado de árboles de navidad y música navideña, de ideales y buenos deseos, se percibe de inmediato lo fascinante de la “magia” de la época, haciéndonos caer en ese capitalismo voraz que invita a gastar bajo los “beneficios” de los famosos descuentos haciendo accesible lo que en otra época del año es de cierto modo inaccesible, “supuestamente” porque con los meses sin intereses y las tarjetas de crédito hoy “todo” es posible. Sin embargo, en psicoanálisis sabemos que no todo se puede (afortunadamente).
Con esto no quiero decir que esté mal comprar, o tener acceso a ciertas cosas que uno desea. Más bien propongo detenernos un segundo y preguntarnos si estas ofertas están dirigidas a los consumidores realmente o el beneficio es para alguien más, pues me parece que no todos salen “ganando” con esta derrama económica, pues unos gastan y se endeudan mientras que otros ganan a manos llenas y lo poco que pierden lo duplican casi de inmediato.
Ante esto, propongo reflexionar si lo que estamos comprando es algo que realmente necesitamos, pues parece que el consumismo se ha vuelto un estilo de vida, donde consumir insaciablemente hace que se esté generando un exceso, un sobrante, cayendo en el espejismo de esos ideales que las marcas ofrecen y nos hacen creer que necesitamos para poder ser. Recordemos que el “Buen Fin” es una imitación del Black Friday de los Estados Unidos, el país donde la cultura del consumismo es lo primordial, donde se vive para pagar una casa y un coche, es decir, “el sueño americano”. ¡Vaya costumbres que se imitan!
Y no bastando con lo anterior, ya no sólo son los centros comerciales sino que ahora están las redes sociales: con tan sólo un clic, y en cuestión de días, el producto que te gusta llega a tu casa. Esta dinámica de compra ha hecho que ya no sea tan necesario ir a las tiendas, pues la mercadotecnia que antes se veía en los anuncios de las televisiones, hoy se reproduce a todas horas, en esos televisores portátiles: los celulares. La diferencia es que si bien las televisiones eran un medio de entretenimiento, y también un medio para vender, no las teníamos pegadas al cuerpo como si fuera una extensión del mismo, como lo es hoy el celular.
Ahora bien, lo que me parece que ha cambiado es la forma de vender y de (a)-ti-borrarnos de ese consumismo, pues actualmente, los celulares se han convertido en un medio para vender bombardeándonos las 24 horas al día, haciendo muy difícil no “caer en la tentación” de comprar sin espera, sin límite, sin pausas, sin siquiera poder desear o pensar por qué se quiere algo. Con sólo tener internet, un celular y una tarjeta de crédito, se puede entrar a la página a cualquier hora del día y consumir, consumir, consumir.
Pensemos en los efectos que este nuevo estilo de vida hace en nosotros. Si anteriormente les mencioné que existe una prisa anticipada para que no nos falte nada –pues en la idea mercantil todo se puede– diríamos que lo que se está reflejando es una problemática muy contemporánea: la dificultad de poner límites. ¿Cómo es eso? Lo social influye en la psique, y pensar que podemos obtener todo lo que queramos sin límite alguno, claro que tiene efectos en la llamada “descomposición social”. Pero, entonces, ¿cómo poner límites si por todos lados nos ordenan que tengamos más y más y más sin parar, y que todo es posible con todas las facilidades que el mercado propone?
Pensemos en las poblaciones más jóvenes. ¿Qué impacto tiene todo esto en nuestros hijos? Están creciendo así, sin poder cuestionarse el porqué quieren algún juguete o producto, llenándolos de cosas, viviendo con cierta imposición de pensar que un niño necesita un juguete para jugar, con fines de semana como el Buen Fin y las noches de “Venta Nocturna”, con el objetivo de consumir sólo por el “escenario favorable” de las ofertas y la “accesibilidad” a los productos; o peor aún, con acceso a las redes sociales. Están creciendo sin límites, pensando que todo es posible, aunque sus padres nos terminemos endeudando.
Las redes sociales están en una constante demanda que impone consumir para “estar a la moda”. Pero seamos realistas: ¿cuántas personas pueden sostener este ideal? He aquí otra problemática: la idea aspiracionista de muchas marcas que producen ropa desechable para que así más personas tengan acceso a la moda, también presenta implicaciones graves en la contaminación. ¿Qué se hace con todo ese exceso que no se vende? Porque no da tiempo de que se venda por la prisa de pasar a la próxima temporada, y se produce en cantidades excesivas toneladas de ropa que terminan en la basura. ¿Cuál sería entonces la implicación del consumidor ante todo esto?
Ojo: no estoy diciendo que no se consuma. Eso sería algo muy complicado de llevar a la práctica. Pero sí sería importante poder pensar siquiera el porqué se desea algo, y así reflexionar sobre este consumismo que ya se posicionó como un estilo de vida, en donde las personas están pasando a tener un valor por lo que tienen y no por lo que son, bajo la lógica de estar a la moda, de que llenar a niños de juguetes los hará felices. Y claro que es muy tentador y fascinante, pero, como propuesta, sería bueno pensar en esto: estamos viviendo bajo la lógica de creer que podremos con todo, de que no existen imposibles.
No te pierdas este lunes la columna ROJA DE CORAZÓN con @angiegalti2
Nos hablará del CONSUMISMO COMO ESTILO DE VIDA#NoticiasEnLínea #Puebla 🔗https://t.co/D9kz4f30qR pic.twitter.com/5fXdKWL4wL
— PAULO YOLATL (@pauloyolatl) November 30, 2025

No olvides seguirnos en FACEBOOK, TWITTER y TIKTOK



















































