El tiempo avanza y los retos se vuelven mayores, pasando al siguiente nivel escolar, el bachillerato que me enamoro de su publicidad engañosa, excelentes instalaciones, equipo de futbol y banda de guerra, decía su volante publicitario que no recuerdo como llego a mis manos. La realidad totalmente distinta a lo que pregonaba, un solo edificio como con seis pisos, que lo convertían en una especie de prisión. No había equipo de futbol y nos limitábamos a las retas en la calle en la hora de educación física, y la banda de guerra era de caricatura, no hay mucho que decir sobre ese tema.
Llegas y te complace ver que no fuiste el único que creyó en esa publicidad, encuentras a unos cuantos conocidos y al paso de los meses forjas buenas amistades, manejar este tipo de perfiles bajo te exenta de grandes sacrificios, si era desmadroso, pero cuando ninguna autoridad me veía, es parte del reto, pero a la hora de los castigos por exceso de ruido, el grupo entero se quedaba castigado por la tarde realizando nada en específico pero encerrados en el cuarto de azotea, en otros términos ahora que lo veo era prácticamente secuestro, porque no nos dejaban ir y obviamente nos tenían en contra de nuestra voluntad. ¿Después de quince años procederá una demanda?
Bueno este castigo era inevitable porque encerraron a todo el grupo, pero recuerdo que alguna vez mi mochila fue a dar hasta lo más profundo de la bodega de sillas, una puerta que teóricamente estaba prohibida para cualquiera ajeno al personal de intendencia de la escuela, pero esa puerta estaba en la parte de atrás del salón, algo muy tentador por ser prohibido para chamacos de aquella edad, así que en una de esas mañanas de batalla campal, la única mochila que desapareció fue la de un servidor. Y ya pasados algunos minutos los cuales se me hicieron eternos por no saber de mis pertenencias todos se reían a mis costillas, hasta el pinche bizco se burlaba. Una niña al ver mi sufrimiento señalo el paradero de mi mochila. Volteando a ver a todos con coraje pero sin decir nada, como un valiente me dirigí a la puerta.
Forcé la cerradura con una tarjeta de teléfono público, la abrí y estaba muy oscuro, busque mi mochila con una vista muy rápida y no la logre ver, mi pie estaba en el marco de la puerta resguardando que no se cerrara, tenía que meterme completamente para llegar a encontrarla, pero esto significaba ser encerrado. Difícil decisión pero no había otra opción, ni modo que llegara sin mochila a la casa, me tocaba una madriza mayor.
Fue como tirarme a una barranca sabiendo que el resultado iba a resultar más doloroso, en cuanto mi pie cruzo el lumbral se escuchó el cierre de la puerta y todo quedo en oscuridad, cuando más o menos pude distinguir algo ahí dentro fue que vi mi mochila mal puesta con las libretas regadas
-hijos de la chingada-grite desde ahí dentro-
las risas aumentaron el volumen. Recogí lo que pude para salir lo antes posible de ese lugar, como era de esperarse los compañeros empujaban la puerta para que no pudiera abrir, mientras que gritaba que iba a madrear a todos.
Mas desesperado que enojado, me detuve por un momento, al tiempo que las risas se detuvieron súbitamente, algo peor iba a pasar lo presentía, sin empujar la puerta, di vuelta a la perilla, y sin esfuerzo se abrió dejando entrar la luz a mi rostro cubierto por sudor a causa de la desesperación que esto provocaba, un gota de sudor entro en mi ojo provocando ardor y ceguera, cuando recupere la visión todos estaban muy bien sentados y enfrente de mi la directora del bachillerato.
Esta acción jugo a mi favor por que la autoridad pensó que estaba llorando, y al verme sudado y con los ojos rojos, no hubo ninguna duda de ello, a lo cual mi bajo perfil ayudo a seguir con esta versión, y me quede mirando el piso, demostrando el abuso al que fui sujeto. Con una mueca de risa entre dientes.
Con tono de autoridad grito a todos los compañeros pidiendo al culpable por tal fechoría, tallándome los ojos aun con un poco de ardor veía a todos con dificultad, pero distinguí su cara de espanto. Solo uno no podía ocultar su alegría al verme en ese estado, el pinche bizco se reía y fue castigado por aventar mi mochila entre las penumbras, ándele por güey castigado toda una semana.
Así he avanzado por la vida con un bajo perfil que me ayuda a pasar desapercibido en algunas situaciones como………………………

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